martes, 21 de septiembre de 2010

Letargo. En busca del aire perdido

El Mono no está en el aire, está hibernando cual oso, aletargado cual larva de mosquito en el agua. Volveremos pronto y seremos unos pocos más que antes... Esta empresa no fue comprendida, por lo cual nuestro éxito fue contundente. Seguiremos intentando fracasar pronto, sólo necesitamos éter, antena y micrófono. Si Ud. sabe de alguien dispuesto a colaborar con dichos elementos agradecemos que nos avise.

Muchas gracias.
La gerencia.

lunes, 9 de junio de 2008

Mi mono y yo

Albores del Siglo XXI, Mendoza, Argentina. Un individuo, producto y consecuencia de su sociedad amanece y frente a un espejo se desencuentra mientras cepilla sus dientes. Comienza a hacerse preguntas, a cuestionarse quién es realmente. De pronto se da cuenta y toma conciencia que dentro de él habita otro él, un super él. Llega a la conclusión que posee una doble vida, una doble moral, una doble personalidad, que sin embargo nunca llega a comprender cuál corresponde a su yo y cuál a su otro yo. En una de sus facetas se muestra “como la gente”, bien producida, bien maquillada, bien vestida, una faceta que prepara para el público en general, puertas afuera de su casa, una cara con la cual aparenta: aparenta ser buen ciudadano, buen padre de familia, con altos valores occidentales y cristianos, un profesional exitoso, honesto, un tipo orgulloso de ser argentino. Pero en la otra, la que esconde, se refleja un miserable, un oportunista, un ventajero, un egoísta, un corrupto en pequeña escala, un tilingo, un envidioso, apologista de la novedad innecesaria, festejante de lo exótico por el sólo hecho de ser anglosajón y europeo. En el fondo el tipo es evasor de impuestos, demandante de artículos robados con los que adorna su casa, aficionado a la vida prostibularia, simpatizante de las manos duras, las bicicletas financieras, y otras vergüenzas por el estilo, lo asquea todo lo que huela a pobreza, odia a los “negritos de mierda”, a los gays. De pronto sabe que no está solo, que alguien lo acompaña a todos lados, aunque oculto o más bien reprimido, y se manifiesta sólo cuándo la oportunidad así lo requiere, o cuando inconcientemente lo deja escapar. El individuo sale a la calle, comienza a ver que todos a su alrededor, o al menos la mayoría, son tan farsantes e impostores como él y continúa haciéndose preguntas, seré yo solo o habrá más gente que no muestra quien es en realidad, no será que es un problema general, social, donde nadie es quien dice ser, que todo es un engaño, que todo es un gran teatro, una puesta en escena. Pero si es así, quién dirige la farsa? Quién lleva la batuta? Los políticos -se responde- seguro que sí. Aunque los economistas tienen su poder, no? –duda- Pero los banqueros y los empresarios tienen mucho más poder que los políticos y los economistas, si estos apenas son empleados de aquellos. Y los periodistas? Y la prensa? Quién escribe los libretos? -Continúa en diálogo consigo mismo- No, yo confío en la prensa, ellos sólo se dedican a observar lo que ocurre y nos muestran lo que sucede. Mmm –vuelve a dudar- aunque la mayoría de estos son empresas propiedad de los banqueros y los empresarios. Entonces cómo es la cosa? Se cuestiona.

El tipo se angustia, se amarga, se da rosca, pero se decide a hacer algo para remediar su esquizofrenia. Se propone dejar de fingir, comienza a sincerarse consigo mismo y con los demás, ya no quiere ocultar su alterego, quiere volver a ser uno solo. Para ello decide mostrarlo, llevando su doble personalidad a todas partes. Comienza por presentar a ambas a sus familiares, amigos y conocidos. A su personalidad más humanamente despreciable decide denominarla como su yo, y a su personalidad más humanamente noble decide bautizarla como su mono, nadie sabe aún por qué tales denominaciones ¿será tal vez porque el mono es antecesor del hombre y por lo tanto antecesor de la barbarie? Decide luego hacer público su caso, con el fin de que otras personas se busquen a sí mismas. Cree utopicamente que de esa manera, mientras más personas abandonen sus imposturas la sociedad dejará de padecer de hipocresía como cultura institucionalizada, y cada cual dejará de señalar con el dedo, cargando las culpas sobre los otros, y se hará cargo de sus errores y sus miserias. Se decide entonces por enfrentar la situación con total franqueza, a decir de frente lo que piensa y lo que siente, lo cual lo llevará a ser cruel la mayoría de las veces. Comienza a mirar descaradamente a los ojos a la gente y a interpelarlos mostrando que la realidad es una paradójica ilusión elaborada y que así como el poder construye una ilusión para ocultar sus mecanismos, todos de alguna manera tenemos algo que esconder.